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Tiempo de Adviento. 22 de diciembre de 2019 PDF Imprimir E-mail

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Cuarto Domingo “Todo sucedió para que se cumpliese lo que había dicho el Señor por medio del profeta: Mirad: la virgen concebirá y dará a luz un hijo y le pondrá por nombre Emmanuel, que significa Dios-con-nosotros”. Lo imposible se hace posible. Dios es tan grande que se hace pequeño para estar con nosotros. Dios nos visita, nos salva desde nuestra fragilidad. Jesús nos muestra a un Dios que asume las dificultades y las ambigüedades de la historia humana. Gracias, Señor, por acogernos como somos, por salvarnos siempre.

Lecturas: Libro del profeta Isaías 7,10-14; Segunda carta del apóstol san Pablo a los Romanos 1,1-7; Evangelio según san Mateo 1,18-24.

Del salmo 97: Va a entrar el Señor; él es el Rey de la gloria.

 

 

En este tiempo de Adviento, los encuentros de oración comunitaria se celebran los viernes de 6:30 a 7:30 de la tarde ¡Os invitamos a participar en estos encuentros de oración! Se ha incluido la guía para la oración del primer viernes de Adviento  y también la del segundo encuentro.

REFLEXIÓN. Cuarto domingo

En este clima litúrgico de oración, descubrimos que el nombre de Jesús, significa “Dios con nosotros”. Es el núcleo de la fe cristiana y de la celebración de la Navidad.

Gracias, Señor, porque el misterio último que nos rodea, no es un Dios lejano y distante, sino que eres un Dios cercano, que habitas en cada uno de nosotros.

Te buscamos en el universo, en los libros, en la eucaristía, en la Biblia. Pero si no te descubrimos dentro de nosotros, difícilmente te hallaremos fuera.

Necesitamos, Señor, un corazón sencillo, para acoger en nosotros, la paz, la vida, el amor, el perdón. que nos llegan desde lo más íntimo de nuestro ser.

Nos da miedo encontrarnos con nuestros miedos, con nuestras heridas y tristezas, con nuestra mediocridad, y necesitamos sentir y experimentar tu presencia amistosa que nos cura y nos da la paz.

Esta experiencia del corazón nos va a ayudar a reconocerte como el Dios hecho hombre en Jesús de Nazaret y en todos nosotros.

Gracias, Señor, por ayudarnos a descubrir que el misterio último de nuestra vida, es un misterio de bondad, de perdón y salvación.

Así te descubriremos presente en la dignidad y en la libertad de nuestros hermanos, y conoceremos la alegría de la Navidad.

REFLEXIÓN. Tercer domingo

Necesitamos, Señor, recuperar la alegría, porque como nos dice el papa Francisco: “Un cristiano que continuamente vive en la tristeza, no es un cristiano”. ¡”El cristiano vive en la alegría”!

Pero sabemos, Señor, que no hay alegría ni paz si nos olvidamos de los hermanos, sobre todo de los más vulnerables.

Tendemos a vivir en nuestras burbujas de bienestar y de confort, indiferentes a las injusticias y a los sufrimientos de las personas. Pero todo está conectado: la armonía con la tierra y la armonía con los seres humanos.

Tú, Jesús, nos llamas a colaborar en la construcción de una humanidad liberada del mal y de la desesperación. Y nos dices; ¡sed fuertes, no temáis!

Nos invitas a descubrir la ternura, la compasión y la preocupación por los otros, que anidan en nuestros corazones y a estar con las personas y grupos que tienden la mano a los más vulnerables y empobrecidos.

Ayúdanos, Señor, a unir, a curar, a querer y a perdonar.

REFLEXIÓN. Segundo domingo de Adviento. Fiesta de la Inmaculada Concepción

 

Oramos juntos en este clima de hermanos en comunidad, en esta Fiesta grande de la Inmaculada.

En María, podemos contemplar a la humanidad abierta al plan de Dios. Tú, Señor, dialogando con la Virgen María.

Eres un Dios que no impones, sino que propones, preguntas y cuentas con la libertad de María y con la nuestra.

Te damos gracias y queremos colaborar en la nueva creación, en armonía con la tierra, con los demás y contigo que eres nuestro Padre.

Con María te decimos: “Se alegra mi espíritu en Dios mi salvador”.

REFLEXIÓN. Primer domingo de Adviento

Con palabras del papa Francisco, queremos Señor, hacer nuestra oración.

Donde parece que todo ha muerto, por todas partes vuelven a aparecer los brotes de la resurrección. Es una fuerza imparable, pero necesitamos sentirla dentro de nosotros.

Es verdad que muchas veces parece que Tú, Señor, estás ausente, como si no existieras: vemos injusticias, maldades, indiferencias y crueldades.

Pero también es cierto que en medio de la oscuridad siempre comienza a brotar algo nuevo, que tarde o temprano produce fruto.

En este comienzo del Adviento, queremos asumir, como lo hizo Jesús, la fe bíblica en Dios Creador y Padre.           

Pon en mí, Señor, tu mirada en mi mirar. Yo, por mi parte, trataré de encontrarte en todo cuando veo.

Así estaré despierto cuando me abras los ojos y vea entre las sombras el paso de tu amor por nuestra historia.

 

 
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